Miguel Ángel López (1988, Murcia) lleva razón. Si nos comparamos con otros deportes, esto no compensa. Por eso lo mejor es no hacerlo y mantener la ilusión por el atletismo un año tras otro. Un kilómetro tras otro. Y así hasta 35, que es la disciplina de la marcha estrenada en los recientes Europeos de Múnich. Una nueva distancia que en absoluto se le hizo larga al atleta nacido en Llano de Brujas, especialista en 20 km. Actuación magistral para colgarse un oro que se resistía desde hace ya demasiadas temporadas. Su crono de 2:26:49 le otorgó un metal que, más allá del evidente éxito deportivo, le permite seguir levantándose cada mañana como marchador de elite.

Porque si la vida de cualquier deportista profesional es corta, la del atleta además es frágil. Muy frágil. Se necesitan cuadrar las cuentas para no arrojar la toalla y aspirar a estar en el siguiente campeonato. Y no siempre es sencillo. «Los resultados en nuestro caso son vitales para seguir dedicándonos a esto. Dependemos mucho del triunfo para tener la garantía de poder continuar, y en ese sentido la medalla de Múnich es también un alivio, te quitas un peso de encima» —asegura Miguel Ángel—. «La vida va pasando, yo tengo familia y las responsabilidades son diferentes a cuando tienes 20 años y vives con tu madre. Ahora es necesario analizar tu rendimiento y justificarte contigo mismo para saber que haciendo lo correcto».

Esa medalla de oro certifica que el atleta murciano lo está haciendo. Llevaba desde octubre del año pasado preparándose para ese momento. Y lo bordó. Atrás quedan meses de entrenamiento en los que priorizó la calidad sobre la cantidad. No se quemó haciendo volumen pese a la subida del kilometraje en esa nueva modalidad de la World Athletics. Apostó por las series cortas (400, 500) y le fue bien. «En pretemporada hice mucha montaña, caminatas en subida y algo de running combinado con otros deportes como la natación. Pero ya en el periodo más específico no corremos como tal, sino que hacemos todo marchando, tanto los rodajes -que van desde los 8 o 10 kilómetros a los 30 o 35- como las series o los cambios de ritmo», explica.

Prácticamente sin haber digerido aún el oro de Múnich, el atleta murciano ya piensa en las citas de las próximas temporadas. Primero será el Mundial de 2023 y, al año siguiente, los Juegos Olímpicos de París. El gran objetivo, claro. Porque la medalla olímpica es la única que todavía se le resiste. No pudo ser en Londres 2012, ni en Río 2016, ni tampoco en Tokio 2020. «Lo que pasa es que, a día de hoy, aún no sabemos si en París tendremos la modalidad de 35 km o no; a lo mejor me toca volver a competir en 20 km», puntualiza.

Si bien en los Juegos Olímpicos se encuentran los capítulos más amargos de su carrera, Miguel Ángel López rehúye del término fracaso. No le gusta. «Somos seres humanos y podemos fallar, el cuerpo no responde siempre como queremos» —argumenta—. «De todos modos, hay distintas maneras de asimilar los resultados, influyen muchos factores en cada competición y también entra en juego tu estado de forma y, sobre todo, las expectativas que lleves».

Habla un tipo sensato, coherente, de ideas ordenadas y al que el éxito no le ha cambiado. Y podía haberlo hecho, pues su palmarés se despliega con una docena de oros y platas internacionales desde que prácticamente era junior. Mantiene la prudencia, sabedor de que la vida deportiva del atleta es corta y volátil. Por eso tampoco se obsesiona con París 2024. «Antes está el Mundial de Budapest, que realmente es la competición que decide quién es el mejor del mundo, y el nivel es el mismo que hay en los Juegos Olímpicos porque los atletas son los mismos. De hecho, ese mundial es clave para mí porque de ahí pueden salir plazas fijas para París». Le esperamos en los Campos Elíseos con los brazos abiertos.

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