Las carreras más extremas del mundo (I)
La 6633 es la carrera más fría, ventosa y solitaria del planeta

Hay varios tipos de carreras, para todos los gustos, sin duda. Pero esencialmente, yo las dividiría en dos grupos: las carreras donde vas a “echar la mañana”, a pasarlo bien, y las que sabes que vas de cabeza a la boca del lobo.

Si consigues cruzar la meta de alguna de las que componen el último grupo, tendrás las fotos, la medalla Finisher, y la camiseta con el “yo sobreviví”. 

Pero mientras…ay amigo. Mientras…..

Te voy a explicar en qué consisten las 5 carreras que vienen a continuación, y que podríamos considerar de las más duras, hilarantes, crueles, y en algún caso, peligrosas del mundo. Hay algunas más, que serán objeto de consideración en un próximo artículo, porque si hay algo en lo que el ser humano no anda corto, es de su capacidad para urdir ideas retorcidas.

Siéntate, acomódate, porque en ocasiones, desde la barrera, los toros parecen menos peligrosos.

Tor des Gèants

El Tor des Gèants es una de esas carreras con unas cifras difíciles de asumir. Ya no sólo por los 354 kms. de su recorrido circular, sino por los casi 30.000 metros de desnivel positivo, y otros tantos negativos, casi peores. 

Es decir, algo más de lo que sumarías su subieses 3 veces al Everest desde el nivel del mar. Ojo ahí. 

Las carreras más extremas del mundo (I)
El Col Loson, techo de la carrera, a 3299 metros.

La carrera se celebra en los primeros días de septiembre, en Courmayeur, una elitista población en los Alpes italianos, donde en una de sus diminutas pero glamurosas tiendas, puedes pagar por unos tejanos más de lo que te ha costado la inscripción a la carrera.

En Courmayeur, acogen con entusiasmo cada año a los corredores que deciden emprender semejante tarea.

Los participantes deberán completar esa tremenda distancia en menos de 150 horas. Para ello, la organización dispone de 6 bases de vida (normalmente polideportivos donde los corredores pueden ducharse, dormir, y comer caliente).

En esas bases, dispuestas cada 50 kms. aproximadamente, el participante encontrará la mochila con el material que previamente ha preparado, y que la organización se ocupa de transportar de una base a otra.

Una carrera alpina, que discurre a mucha altura, y en la que se llegan a coronar cimas de hasta 3300 metros, además de unos 20 collados por encima de los 2000 metros.

Si las subidas son larguísimas, las bajadas exigen buena musculatura, y algún que otro acto de fe para que las rodillas lleguen al valle lo menos perjudicadas posible.

Toda esta aventura, tiene un coste de inscripción de 900 euros.

Si este avieso trazado, a alguien se le queda corto, existe una versión larga del Tor (si, más larga). Es el Tor de Glacieres, con 450 kms, sin marcar (hay que progresar mediante navegación GPS) a 1100 euros la inscripción.

The Spine Race

De lo más cruel que conozco. No en vano, se lleva a cabo en enero, durante el duro invierno británico. 

Con salida en Edale (a 45 kms de Manchester) hasta Kirk Yetholm (a 80 kms de Edimburgo). En total; 430 kms de distancia, y algo más de 13000 metros de desnivel positivo.

Las carreras más extremas del mundo (I)
Las durísimas condiciones de la Spine Race. Foto: Montane

El “menú” que ofrece la organización a los participantes de la Spine Race, en su propios términos textuales es el siguiente:  “Prepárese para enfrentar condiciones climáticas extremas, nieve profunda, hielo, lodo, ciénagas, aguas subterráneas, vientos huracanados y lluvia torrencial en una carrera agotadora de 7 días sin parar desde Edale hasta Kirk Yetholm”. ¿Apetece, verdad?

Si te ha picado el gusanillo, prepara 1290€ para la inscripción, y con probabilidad de forma fácil, 3 veces más de presupuesto para el material específico y necesario para esta aventura invernal.

Por otro lado, tener conocimientos en navegación por GPS es imprescindible, ya que la carrera no está marcada.

El participante puede utilizar los bares (pubs, como les llaman allí), para comer, siempre al amparo de su VISA.

Es posible, que después de varios kilómetros junto al Muro de Adriano, en una remota carretera, el participante encuentre un Land Rover, con un par de voluntarios de la organización para darte agua caliente, té o alguna galleta, que deberá tomar con celeridad, debido a la omnipresente lluvia, y puede darse por contento si no azota el aire.

Durante su bagaje, por el Pennine Way (una especie de Camino de Santiago, sin connotaciones religiosas), el intrépido runner cruzará lugares como Peak District, Yorkshire Dales, y Cheviots hasta la frontera escocesa, donde el desplome del termómetro endurecerá el último tercio del recorrido.

MEGARACE 1001

El nombre de la carrera no da lugar a demasiada imaginación. Efectivamente 1001 kms. en los que el corredor saldrá desde Alemania, para cruzar la República Checa y Austria. 

El tiempo límite para cubrir los 4 logaritmos es de algo más de 13 días y medio (aquí ya no tiene sentido contar por horas).

Para que más o menos salgan las cuentas, el aspirante a Finisher debería recorrer una media de 75kms. al día.

Avituallamiento en la Megarace 1001

Debido a la enorme longitud de la carrera, los corredores han de utilizar GPS para seguir el track, ya que el recorrido no está marcado.

La organización dispone de 6 bases de vida, separadas entre ellas por unos 160 kms. aproximadamente, aunque es posible encontrar algún punto de avituallamiento oficial entre medio.

Para el resto del recorrido, los participantes que logísticamente les es posible, llevan asistencia externa, y para los menos afortunados, deberán -y podrán- utilizar comercios, supermercados o bares que encuentren a lo largo del recorrido.

Solamente 12 de los 23 inscritos de 2021, llegaron a meta.

El precio de la Megarace es de 1390 euros.

6633 Arctic Ultra

La 6633 toma su nombre porque la meta se sitúa a una latitud de 66 grados 33 minutos, en el Círculo Polar Ártico.

Sin duda, durante las 380 millas (611 kms.) de su recorrido, el participante recorrerá los paisajes más extremos y hermosos del planeta. 

Eso sí, teniendo siempre en cuenta que está considerada como la carrera a pie más dura, fría y ventosa del planeta, pues recorre el helado Ártico canadiense a través de First Nation Hamlets. Tendrá que acostumbrarse a la soledad más cruel, al silencio más sordo, al amparo eso si, por la guadaña de la congelación siempre alzada tras su cogote.

Las condiciones más extremas se dan en la 6633 Arctic Ultra. Foto: Werronika Murray / The Glove and Mail

Es una carrera de resistencia, en el más amplio sentido de la palabra, en autosuficiencia total y sin escalas. Es decir, hay que llevar todo lo necesario para cubrir esa distancia, en unas condiciones que muchos consideran incompatibles con la vida. La vida moderna, o el modo de vivir racional, según se mire. 

La parte positiva, es que no tendrá que llevar una enorme mochila en la espalda. La negativa, que lo deberá arrastrar en un Pulk (trineo). Comida de alto valor calórico, tienda de campaña, saco de dormir de -35º, y utensilios de cocina, será lo único civilizado que consiga ver durante la travesía.

Para llegar a la parte más alejada del planeta recorriendo el Parque Nacional Tombstone y las Montañas Ogilvie,  en aventurero participante dispondrá de 215 horas (9 días), y deberá desembolsar en concepto de inscripción 4200 euros.

Marathon des Sables

Es la carrera desértica por excelencia, 36 ediciones la avalan. Detrás han venido copias en los más variopintos lugares, incluso versiones acortadas y otras que han tomado el formato multietapa, pero agasajadas con comodidades en lujosos resorts.

Por tanto, lejos, muy lejos de la filosofía de la idea de su creador, Patrick Bauer, hoy, toda una institución en Francia, y en Marruecos, el país que acoge la carrera.

Soledad en el desierto marroquí. Foto: Cimbaly/MDS

Si hay algo que caracteriza Sables (entre los participantes, siempre se acorta el nombre), es que se pasa una semana sin practicar la placentera costumbre de la higiene, y que se ha de llevar todo lo que se considere necesario durante la carrera en la mochila. Incluida la comida para toda la semana. 

Escoger entre ir ligero, y no pasar hambre, es una tediosa disyuntiva.

La lista de material necesaria, incluye una bomba aspira-veneno, un espejo reflectante para hacer señales, brújula y cuchillo. 

Cuando para la mayoría de mortales, ante una lista así, lo primero que hace es salir corriendo en dirección contraria, cada año centenares de personas pagan los 3100 euros de la inscripción para vivir la aventura desértica más grande jamás creada.

La organización eso si, velará para que cada día el campamento itinerante esté montado al final de cada etapa, y para que tengas tu ración diaria de agua.

Deberás administrar las botellas que la organización te proporciona para cocinar, asearte como un gato, hidratarte, y guardar la cantidad suficiente para prepararte el desayuno del día siguiente, así como rellenar tus bidones de agua para iniciar la etapa.

De esta experiencia se extraen varias experiencias positivas: la convivencia en las haimas con “lo puesto”, eliminando lo superfluo e innecesario (si, podríamos acostumbrarnos), y valorar las impagables puestas de sol, para descubrir una gama de colores que desconocíamos, por menos, de forma presencial.

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