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Hay personas que corren simplemente por salud, para mantener un estilo de vida saludable. Sus hábitos deportivos suelen ser muy similares a lo largo del año y la distancia que corren no varía en exceso. Pero la gran mayoría de corredores, además de hacerlo por salud, lo hacen también para prepararse para diferentes pruebas populares. Lógicamente, sus hábitos de entrenamiento son muy diferentes a los del primer grupo de “runners”, sobre todo en cuanto a ritmos, propósitos, material, motivación, etc. En este artículo analizamos las 5 diferencias entre correr para entrenar y correr para competir.

El ritmo de carrera

Es el aspecto más diferenciador a la hora de correr con y sin dorsal. Entrenando el ritmo de carrera es más bajo por lo general y en la mayoría de ocasiones, ya sean tiradas largas, de media distancia e incluso de corta distancia. Eso sí, en las sesiones de intervalos o series, frecuentemente alcanzamos ritmos de competición y superiores para acostumbrar al corazón a sostener esfuerzos intensos prolongados. Ni qué decir tiene que con el dorsal en el pecho, ¡corremos siempre al máximo! No importa si es un 10K o un maratón, ni tampoco si tu objetivo es bajar de 50 minutos o de 35. Todos competimos contra nosotros mismos y el ritmo de carrera cuando llevamos un dorsal es el más rápido que nuestro cuerpo permite.

El lugar y la hora a la que corremos

Al entrenar tenemos la posibilidad de elegir tanto el lugar como el horario de entrenamiento, lo cual es una gran ventaja ya que nosotros mismos ponemos el nivel de dificultad según el recorrido elegido y, además, podemos salir en nuestro momento favorito del día, siempre adaptándonos a las circunstancias laborales y familiares. En cambio, cuando nos inscribimos a una carrera, tenemos el horario y el recorrido definidos; no hay nada negociable. Tal vez estamos acostumbrados a correr a última hora de la tarde y el hecho de que las carreras comiencen a horas tempranas supone un aliciente u obstáculo más a la hora de encararlas.

El material que utilizamos

En las sesiones de entrenamiento las zapatillas que elegimos son más amortiguadas y voluminosas, ya que no nos importa tanto llevar un extra de peso. En cambio, en las carreras elegimos zapatillas de competición, que ofrecen un peso más reducido y nos permite arañar unos segundos al cronómetro en cada kilómetro recorrido. Además, en los entrenamientos podemos arriesgarnos a probar zapatillas o cualquier otro complemento (camisetas, calcetines, etc) y en competición utilizaremos ropa que ya conocemos bien y sabemos de su rendimiento.

El terreno en el que corremos

Cuando salimos a correr, normalmente lo hacemos por parques, caminos o pavimentos que no repercutan negativamente en nuestras articulaciones. Sabemos que es más saludable el impacto sobre una superficie mullida, como puede ser un camino de tierra e incluso la hierba, que sobre el propio asfalto. Pero en competición, por lo general, nos espera un circuito 100% de asfalto. El impacto sobre la calzada es más dañino para nuestro organismo, pero no queda otra. Es aconsejable que en nuestros entrenamientos combinemos las superficies para que así el día de la carrera ese cambio de terreno no sea tan traumática para nuestros músculos, tendones y articulaciones.

La “tensión” competitiva

Cuando salimos a correr para entrenar lo hacemos de manera relajada, e incluso con compañeros de club o vecinos con los que mantenemos una charla. Vamos distendidos y por lugares familiares. En cambio, en las carreras estamos más concentrados, descargamos cierta adrenalina y las emociones son muy diferentes al colgarnos el dorsal del pecho. ¿A quién no le da un “subidón” en ese arranque en la línea de salida?

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