¿Es Kilian Jornet el mejor corredor de todos los tiempos?

¿Qué es necesario para que alguien llegue a ser considerado un virtuoso? ¿Qué conjunto actitudes y aptitudes son capaces de atesorar, y de qué forma, para que superen la media, y además hacerlo con creces? ¿Tendrá relación con la teoría de las 10000 horas de Gladwell?

En ocasiones, sucede que las cosas son lo que son, y como son. Le damos vueltas y buscamos explicaciones, desde el más puro sentido metafísico, pasando por el espiritual, para concluir que son cuestiones que están por encima de cualquier tipo de consideración. Y sí, puede ser una reducción simplista, y sin embargo, necesaria, y en cualquier caso una reconciliación con la realidad. O con nuestra forma de verla, ergo entenderla.

El caso de Kilian Jornet, es un bucle en el que penetras, y descubres una vez dentro, que está lleno de espejos, en los que te encuentras una y otra vez. Ni siquiera nuestros sentidos son capaces de protegernos. Tal vez nos podamos encomendar a la intuición, pero incluso ella es presa del desconcierto. 

¿Qué hace de Kilian un atleta singular?  Hemos tenido la suerte de presenciar el espectáculo de verlo correr, cubriendo multitud de distancias, en diversas disciplinas. Le hemos visto acabar una carrera de 100 millas con el brazo en cabestrillo. Le hemos visto ganar el UTMB en menos de 20 horas, sin parafernalias, ni costosas campañas publicitarias. Ni siquiera la marca NNormal de la que es co-propietario realizó dispendio alguno, ni antes de la carrera que sería su gran escaparate, ni después de la gesta. Ora et labora (reza y trabaja) que decían los antiguos.

Cuando la sombra el COVID planeaba sobre su testa y le creíamos fuera del UTMB 2022, nos sorprendió su arrojo y determinación afirmando que correría en la meca del ultratrail. Muchos cuestionaban (y cuestionábamos) en qué condiciones lo haría, y por tanto, su rendimiento. Poco acertábamos -ni siquiera- a vaticinar lo que presenciaríamos en el Triangle de l´Amitie, en Chamonix, el centro mundial del trail, según la oronda organización.

Cuando el público extendía su mano para que Kilian las chocase a su paso, tuvo la precaución en todo momento de hacerlo con el dorso de la mano. Me protejo, y os protejo. Para mí, un detalle que dice mucho.

Cierto es que la llegada a meta, y su reacción al cruzarla fue algo descafeinada, esperaba más. Especialmente los que nos dejamos la voz a gritos, estupefactos ante lo que acabábamos de presenciar.

Intento entender -imposible- lo que pasó por su mente durante esas casi 20 horas. Para nuestra alegría, él mismo se encargó de describirlo en sus redes, reconociendo, que en el kilómetro 120 estuvo a punto de detenerse (abandonar) debido a los dolores musculares, pero un peleón Mathieu Blanchard (Salomon), hizo que le saltara un «click» en el foro interno, por lo que decidió seguirlo. «Mathiueu cambió mi oscuridad a luz», reconocía el mismo Jornet.

Los últimos kilómetros, a partir de Vallorcine (km. 153), vio que llegó el momento de la «lucha», y apretó fuerte. «Me metí en mi burbuja de días duros de carrera, contando los kilómetros hasta el final, y la energía que me quedaba», escribía en Twitter.

Entrada a Chamonix. Lo vimos con la zancada recompuesta, elegante, levitante, a través de las pantallas gigantes, y entendimos su inminente proximidad, cuando el estrépito del público se acercaba. Un tsunami de alegría, asombro, y admiración.

Llegada a meta, cuando Chamonix era un auténtico festival. El pobre no sabía si ponerse, quitar, o dejar puesta la mascarilla. Por momentos parecía aturdido. ¿Y nos extraña? También sucumbe a los nervios y emociones, y tiene derecho a ello, faltaría más.

Alguien con síntomas de COVID a 3 días de la carrera , en los que su doctor cuestionaba su rendimiento, y se marca un crono de 19 horas y 49 minutos. Si eso no lo convierte en un ser único y extraordinario, acaso nadie más tiene acceso al Olimpo de lo semidioses. ¿Has probado a caminar o correr a casi 9 kms/hora? Kilian llevó ese ritmo medio durante más de 19 horas. 

De esas casi 20 horas, únicamente paró 16 minutos, que le dieron para comer, hidratarse someterse a los chequeos de su médico.

Creo que somos realmente afortunados de vivir en una época que coincida con los logros de Kilian.

Creció entre montañas, una gran marca lo descubrió, ciego habría que estar para no ver semejante talento. Fue una época con escasos referentes en la montaña, o por lo menos, para los “no puristas” del alpinismo.

Kilian demostró pertenecer a una clase única, que hacía lo que quería, y como quería con una facilidad incomprensible para el resto de mortales. Siempre le he presupuesto una especie de pacto con la tierra, con lo que sea que habita en ella. Ambos se protegerían. Se trataría de tú a tu, en perfecta comunión.

Cierto es que veo innecesarias ciertas alegorías y excesos en algunas de las imágenes que a menudo comparte. De hecho, siempre he lamentado para mí, que no veríamos envejecer a Kilian, si persistía en su continuo coqueteo con el peligro. En ocasiones casi insultante.

Donde cualquiera de nosotros ve peligro incluso de forma prematura, él ve normalidad, pero incluso Aquiles tenía un punto débil, y lo pagó caro.

Hasta cuándo lo veremos con dorsal, es algo que únicamente sabe él. Quién sabe cómo disfrutaremos de su talento en un futuro.                                                De momento, me quedo con casi 20 horas de placer para los sentidos, con su cadenciosa zancada, mostrando fácil (porque para él, lo es) lo que para los que corremos, nos parece inexplicable, mirando hacia los lados, disfrutando del entorno,  sintiendo.

Y con todo ello, haciéndonos sentir. Gracias.

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