Zapatillas de running. ¿Qué es lo que quieren los corredores?
Con la variedad actual en zapatillas de running, no es fácil tomar una decisión de compra

Ante los cambios que acometen las marcas cada temporada, es difícil no preguntarse: ¿es posible que tras tantos años de constante evolución en el calzado, no se haya llegado al momento “Eureka” en las zapatillas de running?

Es decir, podemos llegar a la conclusión, de que después de tantas pruebas y recursos destinados a investigación, desarrollo e innovación, resulta extraño que no se haya dado en la tecla, en ese momento en que unánimemente se diga: “Esto es lo que funciona. Este es el camino, y por ahí hemos de ir”.

Si desde los años 70´s del siglo pasado se han producido grandes cambios y a pasos de gigante en la industria, en los últimos 2 lustros, tampoco hemos visto unas mejoras revolucionarias, con permiso de las placas de carbono. 

Podemos llegar a la conclusión, de que últimamente, tampoco se ha avanzado tanto. Hay menos margen, es cierto. Y con esto, no quito ni mucho menos, importancia a muchos de los compuestos que han desarrollado las marcas en cuestión de 5 años.

El desarrollo en la química en las mediasuelas, ha llegado a un punto en el que es difícil que pueda salir al mercado un producto revolucionario, como lo que (por poner un solo ejemplo) vimos con el Boost de Adidas.

Se dedicaron muchos recursos, y ahora, el margen de mejora y evolución, es menor. 

Lógicamente, si se produjese una desaceleración, o se pusiese freno a la innovación (sea en el ámbito técnico o estético) sería -en parte- el fin de una industria, pues posiblemente  desaparecerían puestos de trabajo relacionados con la ingeniería (si ya no hay nada que inventar), y posteriormente marketing (¿cómo NO se vende, aquello que NO se ha inventado?).

Lo cierto es que desde el punto de vista pragmático, y bajándolo “al barro”, es decir, al público que cada cierto tiempo renueva sus zapatillas, tanto cambio representa un sinsentido.

Es más, para algunos corredores, el momento del cambio de zapatillas, llega a ser caótico, cuando no desconcertante.

Y esto es así, porque existen varios parámetros, o mejor dicho, sistemas en cuanto al diseño y -por tanto- funcionalidad de la zapatilla.

Así pues, con varios apartados en mente que analizar, me lancé a las redes sociales, ese lugar donde se opina sin pudor -y con la vergüenza justa-, para preguntar a la audiencia.

Quería saber qué pensaba el corredor popular. Ese público tan variopinto, tanto en las distancias que suele recorrer, como en sus objetivos.

La franja que se mostró más activa y predispuesta a responder la encuesta, supera ampliamente los 30, hasta rozar la cincuentena.

Aspectos a tratar en la encuesta

Cuatro eran los aspectos que quise tratar: 

1-El tipo de cierre de la zapatilla, es decir, si los usuarios prefieren la zapatilla tipo “calcetín”, o el collar con lengüeta tradicional.

2-La forma o sistemas para atarse los cordones, entre las diferentes opciones que ofrece el mercado.

3-El tipo de amortiguación, o perfiles. Posiblemente el tema más complejo, y que más dudas genera.

4-Qué motiva las decisiones de compra, y aquí, el precio con sus variables, daba las pistas para conocer las costumbres y conductas de consumo.

Así pues, paso a analizar los apartados, uno a uno.

Sistema de cierre

En este apartado, propuse las dos opciones principales que encontramos en el mercado. Por tanto la respuesta quizá resultaba menos complicada.

Pero también la que más sorpresa me causó, y es que el 51% se decantó por los modelos que ofrecen el sistema “calcetín” o botín, es decir, aquellas zapatillas que no tienen una amplia apertura para introducir el pie, pues la parte de acolchados-collar, está cerrada, generalmente con un tipo de upper en “knit” elástico.

Este tipo de cierre, suele ir asociado a algún tipo de lazada rápida, aunque también vemos muchas opciones con cordones tradicionales.

El resto (49%), prefería la zapatilla de toda la vida, la que aflojas los cordones, e introduces el pie con facilidad pudiendo mover la lengüeta con mayor o menor independencia, dependiendo si está unida a los laterales, o va suelta, como suele suceder en algunos modelos de gamas medias/bajas.

Bien es cierto, que todavía vemos modelos por encima de los 140€ en los que no es así, y alguno que baja de los 100€ que si lo implementa.

Sistema de atado

Directamente relacionado con el punto anterior, serían las preferencias en cuanto al sistema de atado. 

Los cordones tradicionales, con nudo y lazada es el sistema preferido por el 50% de los encuestados. Sin duda, el más sencillo, fiable y barato de cara a una futura adquisición.

A bastante distancia (32%) encontramos el sistema Quick Lace que suele utilizar y que hizo famoso Salomon (propietarios de la patente), que consiste en un fino cordón compuesto de Kevlar con un estrangulador que asegura la presión .

Es tan rápido de atar como de soltar. A pesar de que Salomon ofrece un kit de repuesto (10€), únicamente he tenido que sustituirlos 1 vez, de entre todos los pares que llevo utilizados por la marca. 

Me parece un sistema muy fiable, si bien es cierto, que personalizar la presión que necesitamos o queremos en cada tramo de la cordonera, es mucho más difícil que con los cordones tradicionales.

Como es fácilmente deducible, la respuesta de los encuestados procede de un público que se mueve más por montaña que en asfalto.

Sea como fuere, no esperaba un 32% de preferencia en este sistema. Estoy muy sorprendido.

Por último, y con un 18% de las respuestas, se sitúa el sistema de cierre micrométrico BOA.

Un sistema procedente del ski, y ampliamente aceptado y valorado en el ciclismo.

La precisión que ofrece la ruleta, pudiendo girar click a click hasta encontrar el punto óptimo de apriete, es lo que más satisface al público defensor de este sistema, que evidentemente, no olvidemos, es el más caro de todos, y queda reservado a modelos de alta (o muy alta) gama.

Actualmente podemos encontrar algún modelo con doble cierre BOA, para ajustar de forma independiente la parte baja o alta del empeine.

El sistema tradicional de cordón y lazada, sigue siendo el preferido por el 50% de los encuestados

Tipos de amortiguación

Sin duda, aquí habría material donde ahondar. Y es que dentro de cada respuesta, hay matices, como así me hicieron saber los encuestados, en sus comentarios.

Había quien prefería modelos de máxima amortiguación, pero únicamente para ciertas carreras o entrenos. Muchos usuarios insistían en la especificidad de los entrenos y la actividad.

Posiblemente más adelante, sea interesante conocer más en profundidad estas preferencias, para intentar acotar, y entender más las prioridades de los usuarios a la hora de adquirir sus zapatillas de running. Anotado queda.

De momento, el 30% de los corredores prefiere modelos de máxima amortiguación. Cada vez los corredores experimentan con distancias más largas. En consecuencia, los entrenos son de mayor envergadura y el volumen de kilometraje aumenta exponencialmente.

Una zapatilla con gran amortiguación, de alguna forma, facilita esas largas sesiones. O por lo menos, la sensación de destrozo muscular (y posterior recuperación) sea percibido como menor.

Aunque sin duda, la creciente tendencia a los perfiles altos o extremadamente altos, no evita que el 57% de los corredores, prefieran medidas más “estándar”. Lo que de forma genérica, podríamos denominar “perfiles medios”.

Aunque cada vez cuesta un poco más, establecer categorías, pues dentro de ciertas de ellas, hay subcategorías. Por variedad no será.

Como tener buena técnica de carrera, o una zancada depurada, no es precisamente fácil, únicamente el 13% de los encuestados afirman sentir debilidad por los perfiles bajos y sensitivos. Ahora entendemos, por qué el minimalismo está en extinción.

Hablamos de dinero

Aquí entendemos la enjundia del tema a la hora de comprar nuestras zapatillas de running. El precio.

No en vano, para el 25% de corredores, el esfuerzo que supone sacar la billetera es determinante. Es decir, para ellos, el precio es lo que decide -o descarta- la compra.

Como comentaba al principio, el ratio de edad de los encuestados, pasaba de los 30, hasta rozar los 50, con lo que económicamente es posible que muchos disfruten de una situación más o menos estable (si es que hoy podemos considerar esa situación como real). Por tanto, esa sería la explicación para entender que el 31% llegó a afirmar que si algún modelo les gusta, lo compran. Sin más.

Muy significativo es que para el 26%, la avalancha de novedades no constituye un ejercicio de obligatoriedad de compra, ya que prefieren esperar a que el modelo en cuestión, baje de precio, aunque pasen meses antes de obtener esa probable rebaja. Sin prisa.

Una opción muy interesante, en ocasiones por la escasa diferencia que existe entre modelo “viejo”, o el de reciente lanzamiento, es comprar precisamente esos modelos de temporadas pasadas, y es por eso, que el 18% de los corredores, se decantan por esta opción. 

Es el lado pragmático, y racional. Tener un -muy- buen producto, a mejor precio, a pesar de que la tecnología no sea la última. 

Insisto, en ocasiones, hay marcas que cambian la suela/mediasuela cada 2 años, y la cubierta (upper) cada año. Por lo que según con qué ciclo de cambio coincidamos, merece la pena el modelo de la temporada pasada, con rebajas realmente interesantes.

Si quieres comentar o compartir el artículo en tus redes sociales, podemos seguir la conversación para conocer más opiniones,  y quién sabe, poder realizar próximos estudios.

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