Para que un corazón funcione correctamente es necesario un estilo de vida saludable, descansar, dieta equilibrada, actividad física…pero también debemos incluir nuestro mundo emocional, tenemos que ser hábiles y conscientes que las emociones negativas, el estrés nos perjudica.

Varios estudios afirman que alrededor del 80% de las enfermedades tienen origen emocional, el 5% de las enfermedades, entre ellas el cáncer, tienen origen genético. Es decir que el 95% de nuestras enfermedades provienen de nuestro entorno o medio ambiente en el que vivimos.

Partiendo de esta base las emociones se llevan todo el peso de nuestra salud. Las emociones son estados de ánimo y sentimientos provocados por nuestro sistema nervioso autónomo y endócrino que afectan a nuestra salud y actividad cerebral.

Las emociones se pueden clasificar de muchas maneras, vamos a basarnos en esta básica de dos grandes grupos:

Positivas: el amor, la gratitud, la esperanza, la empatía, la compasión…

Consecuencias: Nos dan bienestar. Las emociones positivas mejoran nuestra circulación sanguínea, disminuyen la presión arterial, mejoran nuestro bienestar psicológico y protegen nuestro sistema cardiovascular.

Negativas: Miedo: preocupación por la seguridad personal sensación de tensión.

Ira: Irritación, furia, rabia.

Tristeza: Desconsuelo, desaliento, melancolía, pesimismo…

Consecuencias: Elevación frecuencia cardiaca, presión arterial, contracción del corazón, tensión muscular, elevación de la frecuencia respiratoria…

¿A dónde queremos ir a parar?

Qué no sólo se trata de tener buenos hábitos alimentarios, ejercicio, y no fumar o beber, sino que hay que saber encauzar las emociones con las que convivimos cada día. La salud emocional es muy importante para prevenir enfermedades cardiovasculares.

La verdadera energía y poder del corazón, está en nuestras emociones

Tenemos que ser capaces de crear emociones agradables que den latidos coherentes a nuestro corazón, creando salud en nuestra mente y cuerpo.

Si no gestionamos bien las emociones, sobre todo las negativas, no haremos bien ni las tareas cotidianas, como puede ser el concentrarse, recordar, aprender y tomar decisiones.

Las emociones negativas provocan estrés, y el estrés se relaciona directamente con enfermedades coronarias: arritmias, infartos, aneurismas, ictus… ¿Cómo se manifiesta el estrés?  Con la ansiedad, el miedo, la ira, o la depresión.

Bajo estrés, nuestro sistema nervioso central ordena a nuestro corazón, así como al cerebro y los músculos grandes, que se preparen para una situación de lucha o huida. Esto conduce a un aumento de la frecuencia cardíaca, hace trabajar más a nuestro corazón, con más intensidad. La sangre se espesa y las arterias se vuelven menos elásticas, con lo que se acumulan más sustancias nocivas en las paredes de nuestro sistema circulatorio, lo que hace que la circulación sanguínea se vuelva lenta…en definitiva todo nuestro sistema circulatorio se vuelve más débil.

Centrémonos en una de las consecuencias que más nos afecta: la frecuencia cardiaca o pulso.

La frecuencia cardiaca es el número de veces que nuestro corazón late durante un minuto. Con cada latido el corazón bombea la sangre necesaria para suministrar a nuestro cuerpo oxígeno y nutrientes necesarios para vivir. Las pulsaciones varían según la edad de las personas.

Frecuencia cardíaca normal en reposo según la edad:

-Recién nacidos de 0 a 1 mes de edad: de 70 a 190 latidos por minuto.

-Bebés de 1 a 11 meses de edad: de 80 a 160 latidos por minuto.

-Niños de 1 a 2 años de edad: de 80 a 130 latidos por minuto.

-Niños de 3 a 4 años de edad: de 80 a 120 latidos por minuto.

-Niños de 5 a 6 años de edad: de 75 a 115 latidos por minuto.

-Niños de 7 a 9 años de edad: de 70 a 110 latidos por minuto.

-Niños de 10 años o más y adultos (incluso ancianos): de 60 a 100 latidos por minuto.

-Atletas bien entrenados: de 40 a 60 latidos por minuto.

El corazón está compuesto por neuronas, aproximadamente unas 40.000 neuritas sensoriales. Cuando estamos estresados el corazón envía más información al cerebro…lo satura. Las neuronas del corazón se comunican con extensas áreas de la corteza cerebral protagonistas de nuestra toma de decisiones, del pensamiento estratégico y de la auto regulación emocional.

La parte del cerebro responsable de las respuestas emocionales es el sistema límbico:

-El hipotálamo, que controla las respuestas emocionales.

-El hipocampo que ayuda a conservar nuestros recuerdos.

-La corteza límbica que destaca por su participación en la motivación y en el estado anímico.

-Y la amígdala con un papel importante en la conciencia de las emociones, especialmente con el miedo y la ira, así como su relación con la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea y la frecuencia respiratoria.

¿El estrés, la amígdala y nuestro nivel basal?

Las neuronas de la amígdala se sincronizan con el latido de nuestro corazón y cuando experimentamos ansiedad, estrés o tristeza, el corazón late de manera incoherente. Si pasamos mucho tiempo anclados en esas emociones (meses-años), nuestra amígdala interpreta que el estado natural y sano de tu corazón es un latido incoherente en lugar de coherente. Es decir, identifica el estrés o la ansiedad como nuestro nivel basal de activación.

Conclusión

Hay una relación entre pensamientos, sentimientos y emociones. Poseemos áreas cerebrales encargadas de “leer” nuestras emociones y darles un sentido en forma de sentimiento. Los pensamientos añaden algo a las emociones (las interpretan) y las emociones añaden algo a los pensamientos (le dan el color emocional a nuestra vida). El estrés influye en nuestras emociones e interviene en nuestra toma de decisiones.

Artículo de Mayte Losada, www.levelsuplementacion.es

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