di adiós a la suciedad de tus zapatillas tras una salida

Vaya, ¿pensabas que no tenías que limpiar tus zapatillas? 

Pues no, no es así. Si queremos que nuestras valiosas herramientas para correr tengan buen aspecto, mantengan sus cualidades (en esto entraré luego), y envejezcan mejor, sigue leyendo.

Llevamos en los pies un calzado que en la mayoría de casos, supera -con facilidad- los 100€. Además, lo deseable es que mantengan sus propiedades dinámicas, en cuanto amortiguación, y sus prestaciones óptimas en cuanto a transpiración.

Pues me alegra decirte, que tus zapatillas van a llegar con mejor aspecto y funcionalidad hasta el final de su vida útil. Pero, no perder funcionalidad, y final de vida útil, ¿no es un contrasentido?.

Fíjate, de lo que se trata, es que gracias al buen mantenimiento (léase limpieza), las cualidades para las que se ha diseñado, puedan rendir de forma óptima. 

Por ejemplo, si utilizamos nuestras zapatillas en trazados polvorientos, como podrían ser caminos agrícolas en el extrarradio de la ciudad, o pistas forestales, e incluso, si practicamos trailrunning -que es donde más sufren-, es importantísimo tener el upper (la cubierta o parte textil de la zapatilla) lo más limpio posible, para que no se acumule polvo, que pueda provocar deficiencia en los tejidos (e incluso debilitándolos), para transpirar correctamente.

Pensemos también, que estas partículas de polvo, sumadas a la humedad por condensación del calor que generamos, e incluso en muchos casos un sudor abundante, hará que esas micras de polvo y arenilla hagan la función de minúsculas cuchillas, que además de ir dañando el tejido, lo acabará acartonando. Lo que multiplicará ese efecto lija, o cuchilla. ¿Resultado? La rotura en las líneas de flexión se acentuará.

Además, toda esa capa de suciedad, mermará la capacidad de los tejidos para proporcionar ventilación. Por lo tanto, una limpieza deficiente, será causa de pérdida de prestaciones.

Por tanto, los pasos que te recomiendo que sigas, con cierta frecuencia (esto depende de lo propensos que seamos a sudar, el terreno, y las condiciones), serán los siguientes:

  1. Afloja los cordones de la zapatilla al máximo (entre los ojales se acumula polvo muy fácilmente). Mételas debajo del grifo de agua (mejor en la ducha) y quítale “lo gordo”, es decir, la mayor cantidad de suciedad superficial. No olvides sacar las plantillas, que también convendrá darles un repaso. En ocasiones, y según el estado en el que lleguen después del entreno, acostumbro a dejarlas dentro de un barreño, en remojo, para que se vaya ablandando la suciedad, si ya hubiese empezado a solidificarse (en el caso del barro).
  2. En este punto, te recomiendo que tengas 2 cepillos. Uno de ellos deberá ser lo más suave posible, y lo destinaremos a la cubierta (upper) de la zapatilla. Ha de ser suave para no dañar los tejidos. Si las cerdas del cepillo son muy duras, puede deshilachar la malla (mesh) de la zapatilla (provocando el temido peeling o “bolitas”). El segundo cepillo me gusta que tenga mayor dureza, y lo emplearemos para darle un repaso a la suela, ya que según que tipo de tacos o diseño tenga ésta, especialmente en los modelos de trail, pueden quedar pequeñas piedras incrustadas. Con este cepillo más duro, las eliminaremos. A continuación las cepillaremos (recuerda, cepillo suave) utilizando un jabón neutro, en poca cantidad. Tampoco es necesario hacer demasiada espuma.
  3. Es el momento de aclarar. Con agua tibia, o fría directamente, quitaremos los restos de jabón. Nos aseguraremos que las zonas de mayor acolchado (lengüeta y collarín) queden bien aclaradas sin restos de detergente.
  4. En este último paso, el de secado, quedará terminantemente prohibido utilizar papel de periódico para introducirlo dentro de la zapatilla para que absorba la humedad. Es una práctica común, y no por ello acertada. La explicación es simple: el papel de periódico, está impregnado de tinta, y si hacemos una bola de papel, para meterla dentro de la zapatilla húmeda, provocaremos que la tinta, se desprenda y acabe manchando la zapatilla. Incluso puede dañar el tejido en su parte exterior, y será visible si la zapatilla es de un color claro. Por lo tanto, lo conveniente es que las dejemos secar de forma natural, en un sitio donde no dé el sol de forma directa y permanente, ni delante de una estufa o radiador. Buscaremos un lugar donde circule el aire. Como en el paso 1 ya habíamos sacado la plantilla, el secado será más rápido (especialmente en la parte interna).

Y con estos 4 pasos, tendrás tus zapatillas listas para otra nueva batalla, y más diversión sea donde sea. Lucirán mejor, y te aseguro que alargarás los kilómetros con ellas en tus pies.

Juan González. Téster de material.

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